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Revista Apertura - Reporte anual de sustentabilidad 2023

RSE
Lo importante ya es urgente
Mientras el reloj corre, las empresas se apremian a adaptar sus estrategias ambientales y sociales. Cuáles son los desafíos locales y el difícil rol del CSO.
 
Por Rosa Londra 
 
Si los escépticos del cambio climático se negaron a leer largos informes científicos o no creyeron en sus resultados, ahora les basta con salir a la calle para reconocer que el clima cambia aceleradamente. Y que es para peor. La Era de la Ebullición, la metáfora apocalíptica del titular de la ONU, no es antojadiza.
 
Mientras 2030 se acerca, las metas que planteó Naciones Unidas para limitar el calentamiento global están más lejos. En los últimos tres años, la pandemia y la guerra fueron los principales motivos que generaron disrupciones amenazantes y desviaron los recursos para atender la hoja de ruta que llevaba al mundo hacia el logro de los ODS en la próxima década. Hoy lo importante se convirtió en urgente.
 
Los riesgos se conjugan entre sí y se complejizan. "La carga sobre los ecosistemas naturales aumentará debido a su papel aún infravalorado en la economía global. La pérdida de la naturaleza y el cambio climático están intrínsecamente relacionados: una falla en una esfera repercutirá en la otra. Sin un cambio de política o inversión significativa, la interacción entre los impactos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la seguridad alimentaria y el consumo de recursos naturales acelerará el colapso de los ecosistemas, amenazará el suministro de alimentos y los medios de subsistencia en las economías vulnerables al clima, amplificará los impactos de los desastres naturales y limitará el progreso futuro", advierte el Reporte de Riesgos Globales 2023, publicado por el Foro Económico Mundial.
 
Los expertos en sostenibilidad acuerdan con el diagnóstico. Según la encuesta anual que GlobeScan/SustainAbility realiza a 520 profesionales en 63 países, los desafíos son urgentes. El principal, el cambio climático (93 por ciento). Luego, la pérdida de biodiversidad, la escasez de agua, la deforestación y la pobreza. Para los expertos es la legislación el principal motor del cambio en el panorama de la sustentabilidad, lo mismo que los marcos de divulgación. Los líderes también identificaron a las corporaciones líderes en la gestión de la sustentabilidad. Son Patagonia, Unilever, IKEA, Natura, Microsoft, Danone, Google, Nestlé y Schneider Electric. ¿Las razones? Su capacidad de integrar la gestión sustentable en sus modelos de negocios y en su estrategia, el logro de impactos tangibles con sus iniciativas, el planteo de metas ambiciosas y su innovación.
 
Tendencias locales 
Para el Consejo Empresario Argentino para el Desarrollo Sostenible (Ceads), a nivel local las preocupaciones que tienen un impacto significativo son el cambio climático, la economía circular, la agenda de empresas y derechos humanos y la de ESG y finanzas. Según su director Ejecutivo, Sebastián Bigorito, "son preocupaciones mainstream y por la incidencia de la geopolítica hay un fuerte crecimiento de la agenda de Naturaleza y Biodiversidad".
 
Opina también que es palpable el impacto que sobre el comercio internacional tiene lo que algunos llaman el "tsunami regulatorio" de la Unión Europea, donde tanto el mecanismo de ajuste de Carbono en frontera (CBAM) como la normativa "Deforestation Free" generan una condición de competitividad en el acceso a mercados internacionales, relacionando sustentabilidad y negocios. "A través de exigencias dentro de las cadenas de valor globales, estas presiones serán desafiantes para las empresas; las que tengan una gestión sustentable consolidada tendrán una capacidad mayor de adaptación por haberse anticipado estratégicamente", explica Bigorito, para quien esta es una primera ola de "riesgos de transición" a través de tres vectores: los mercados, la regulación y la licencia social. "Las compañías que puedan detectarlos podrán anticiparse para minimizarlos e incluso terminarán redundando en oportunidades comerciales".
 
Otra tendencia es el trabajo sobre la cadena de valor, para asegurar su resiliencia. La pandemia y la guerra en Ucrania pusieron en jaque el paradigma sobre el que se establecían las cadenas de valor globales, basadas en función de las eficiencias de costos. "Se probó que el just-in-time global no es a prueba de disrupciones porque faltaron suministros clave. Esto dio lugar a un re-shoring de estas cadenas de valor, un rediseño en proceso aún que se basa menos en eficiencia que en resiliencia. Se pasó al just-in-case: se busca que el abastecimiento sea resistente ante futuras disrupciones", explica Bigorito. En esta reconstrucción, en nombre de la resiliencia, aparece el concepto de " friendshoring": los países y las empresas buscan aliados y socios comerciales con valores y estándares compartidos.
 
Simone Schöendorfer, principal de BCG, observa en el contexto de América latina una importante tracción en sectores como el energético donde las renovables y las prácticas sostenibles ganaron relevancia. Los abundantes recursos naturales aumentan el atractivo a la hora de invertir en fuentes como la energía solar, eólica e hídrica. Una segunda tendencia con fuerte desarrollo en la región es el esfuerzo por reducir las emisiones y avanzar hacia una economía baja en carbono. "La región tiene un potencial prometedor, incluida la creciente importancia del hidrógeno, con planes ambiciosos para exportar a Europa y Asia", dice. Chile y la Argentina juegan un papel fundamental en facilitar la transformación energética al ser dos de los principales productores de litio y cobre, cruciales para la fabricación de baterías. "Además de la agricultura sostenible y el uso responsable de la tierra, ganan impulso para abordar temas clave como la deforestación, la degradación de la tierra y promover cadenas de suministro responsables, especialmente en sectores como la producción de soja y carne vacuna", enumera.
 
Según BCG, las empresas diversifican activamente las fuentes de energía, reducen la dependencia de los combustibles fósiles e incorporan energía renovable en sus operaciones. "Se financian con una mezcla de inversiones privadas, asociaciones con bancos de desarrollo e incentivos y subsidios gubernamentales. Sin embargo, las dificultades del contexto local incluyen desafíos regulatorios, obstáculos burocráticos y limitaciones financieras. Además, la transición puede requerir inversiones iniciales significativas, lo que puede ser una barrera para algunas empresas", observan.
 
Empresas del lado B 
Las B Corps son aquellas que cumplen con altos estándares de desempeño social y ambiental y se comprometen a beneficiar tanto a accionistas como a todas las partes interesadas como los trabajadores, los clientes, las comunidades y el medio ambiente. Este paradigma se revela como una interesante hoja de ruta ordenadora de la gestión de las empresas y ya son más de 200 las que tienen esta cucarda en el país.
 
A nivel local, Danone, empresa B certificada, gestiona el negocio del mismo modo que en los más de 100 mercados en los que está presente, midiendo el impacto económico, social y medioambiental de sus negocios. Según Diego Buranello, director de Asuntos Corporativos, se apoyan en la investigación científica para sumar nutrientes positivos a los alimentos -como probióticos y vitaminas- y reducen los críticos.
Desde 2008 miden anualmente el impacto de su huella de carbono y hoy analizan la de sus productores para entender el impacto de la lechería en la cadena de valor.
 
La hora de regenerar 
La agricultura regenerativa es una de las principales iniciativas de Nestlé. Focalizados en llegar a las cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050 y teniendo en cuenta que gran parte de sus emisiones a nivel mundial provienen de la obtención de ingredientes, la compañía aceleró el cambio hacia la agricultura regenerativa a través del trabajo en conjunto con productores y tamberos. "Somos la primera empresa lechera en el país que empezó a transformar tambos tradicionales en orgánicos; ya contamos con 16 que en 2 años de trabajo lograron una certificación reconocida tanto a nivel local como en Europa y en los Estados Unidos", dice Gian Carlo Aubry, CEO de la filial local que invirtió US$ 11 millones en la reconversión de parte de su cadena de proveedores.
 
Quilmes también trabaja con sus más de 1000 productores de cebada en la adopción de buenas prácticas agropecuarias. "Así creamos la cerveza 27, elaborada con malta de cebada de agricultura regenerativa junto a 23 productores que incorporaron estas técnicas", cuentan desde la firma.
 
Con objetivos a 2025 con indicadores medibles y auditables y planes de acción concretos basados en la ciencia y la tecnología, Quilmes definió pilares centrales como Packaging circular, Consumo responsable, Integridad del negocio, Agua, Impacto social, Agricultura sustentable, Acción por el clima, Calidad de productos e innovación, así como el respeto de los Derechos Humanos. El compromiso de alcanzar la neutralidad de emisiones de CO2 para 2040 determina un norte. Para lograrlo crearon el Comité de ASG -Ambiental, Social y de Gobernanza- formado por líderes de las diferentes áreas y encabezado por su CEO, Martín Ticinese, para impulsar la gestión y tomar decisiones de negocio con base en esta estrategia.
 
Arcor es otra alimenticia que amplió su mirada sobre el cambio climático y con su nueva estrategia busca revertir la pérdida de biodiversidad. "Son esfuerzos necesarios y urgentes. La producción de alimentos depende de la naturaleza y de los servicios ambientales que ofrecen los ecosistemas", explica Bárbara Bradford, gerente corporativa de Sustentabilidad. Al ser un grupo industrial integrado verticalmente, se les facilita la adopción de prácticas y el logro de metas. Por ejemplo, avanzan hacia un transporte de materia prima y de producto terminado más eficiente y menos intenso en carbono. Pero también ligan este reto con la estrategia que buscará desarrollar e intensificar prácticas agrícolas regenerativas que reduzcan emisiones y maximicen la captación de carbono en el suelo.
 
Lograr la licencia social Alberto Willi, profesor asociado de Liderazgo y Sustentabilidad del IAE Business School, distingue la sustentabilidad como fenómeno global de largo plazo con tendencias claras de su implementación que varía de acuerdo a las industrias, contextos, regulaciones. Los extremos son por un lado, las multinacionales expuestas a líneas de las casas matrices que difuminan estas tendencias a través de su cadena de valor y por otro, empresas locales.
 
Para Willi falta consenso para llevar adelante la agenda social. "Se pone foco en inclusión, diversidad y equidad pero la acción social hacia afuera no se ha desarrollado al ritmo de otras variables", dice. Una mirada más ambiciosa por parte de las empresas es necesaria. "Con 50 por ciento de pobreza y una inflación de tres dígitos, no veo al sector privado preocupado activamente por esto. Hay un repliegue hacia dentro de las compañías en las que se trabaja mucho con el empleado", dice y opina que se requiere una mirada sistémica desde el sector privado, que traccione una agenda más amplia, mirando los problemas en todas sus dimensiones.
 
"Gestionar los riesgos sociales incluye implementar prácticas laborales justas, involucrarse con la comunidad e invertir en programas sociales para elevar a las poblaciones vulnerables y promover el desarrollo económico", dicen en BCG. Así, las empresas pueden contribuir al desarrollo sostenible en la región y mitigan los riesgos potenciales asociados con el malestar comunitario o la percepción negativa del público.
 
"Tenemos una gran oportunidad de generar negocios sociales o de triple impacto, donde la sustentabilidad sea intrínseca a lo que la compañía hace todos los días: buscamos que el negocio contribuya a la regeneración social y ambiental para que el progreso sea un círculo virtuoso para el crecimiento de la empresa", dice Vanesa Vázquez, gerenta de Crecimiento Inclusivo y Sustentabilidad de Quilmes. La cuestión social les preocupa: en 2022 lanzaron Cebada Gauchada, su primer negocio social y buscan su expansión para que sustente las acciones de impacto social de la compañía reinvirtiendo sus ingresos.
 
El difícil rol del CSO 
Con el foco en la creación de valor a largo plazo para sus compañías el rol de los CSO se vuelve relevante. El Chief Sustainability Officer se debe mantener ambicioso a la vez que proponer metas posibles, desarmando posiciones escépticas dentro de la organización, interpretando el negocio y su respuesta a las nuevas regulaciones y recogiendo datos internos.
 
Además, debe responder a inversores y a las nuevas demandas públicas de información. Willi opina que a nivel local todavía está muy aislada el área de Sustentabilidad y les cuesta hacerse aliados de áreas como Finanzas. "Junto con Asuntos Públicos y Relaciones Institucionales son percibidas como alejadas del negocio. La integración es un proceso más lento y cuesta encontrar un lenguaje que permita la integración y colaboración", aclara.
 
La comunicación es clave en el rol, pero no es suficiente. Construir integridad es importante y también ir más allá del cumplimiento. Entre los desafíos, Bradford destaca la necesidad de involucrar al liderazgo de la compañía, entender a la sustentabilidad como un componente indisociable de la forma de hacer negocios y abordarla como un proceso gradual de mejora continua y de cambio cultural. "En Arcor los equipos ejecutivos y gerenciales se apropian de esta perspectiva a través de un Comité de Sustentabilidad integrado por la máxima conducción de la empresa y por comités que abordan líneas de trabajo específicas", explica. Impulsan un proceso de aprendizaje interno, con incentivos adecuados e integran la sustentabilidad al sistema de gestión de desempeño y relacionando los objetivos con los bonos anuales de los niveles de liderazgo. Así alinean a toda la organización y se genera coherencia para alcanzar los resultados propuestos.
 

Para Vázquez, de Quilmes, complejidad e incertidumbre forma parte del rol de quien está a cargo de gestionar la sustentabilidad: "Los desafíos que enfrentamos como humanidad y dentro de las compañías, en menor medida, son complejos, involucran a múltiples actores, dimensiones y sectores; en muchos casos no sabemos cómo alcanzaremos los objetivos, no tenemos todas las respuestas ni las soluciones, pero sí tenemos el compromiso y la obligación de trabajar a diario para encontrarlas".

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