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Conocé los 5 proyectos finalistas del Premio Arcor a la Innovación

Luego de meses de trabajo, se conocieron los ganadores del Premio Arcor a la Innovación. Una golosina apta para diabéticos y un panificado saludable con perfil social, fueron los proyectos destacados, iniciativas que dan cuenta de la importancia de la innovación para el desarrollo de la industria de la alimentación.

 

PROYECTO GANADOR: UNA GOLOSINA PARA DIABÉTICOS


Paula Bucci, becaria doctoral del CONICET e integrante del equipo ganador, del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de los Alimentos (CIDCA - CONICET), Buenos Aires.“Golosina para Individuos diabéticos rica en fibra basada en cereal y un subproducto de la industria cervecera de bajo costo”

Este proyecto del equipo del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de los Alimentos (CIDCA - CONICET) nació hace más de tres años y propone la creación de una golosina, específicamente una barra de cereal, con alto contenido de fibra insoluble apta para individuos que padecen diabetes, aprovechando un subproducto de la industria cervecera de bajo costo como es el bagazo. Además, en la formulación de esta esta barra, se reemplazaron los componentes azucarados, que habitualmente tiene este producto, por edulcorantes como sucralosa o estevia.

Las barras de cereales utilizan avena o granola como base, y en este caso el hecho de incorporar un residuo que normalmente se descarta permite no sólo abaratar costos de producción sino también aumentar el aporte de nutrientes esenciales, teniendo en cuenta que naturalmente los posee en cantidades muy abundantes. En relación a otros cereales, el bagazo aporta casi el doble de fibras y un cuarto más de proteínas, a la vez que disminuye el tenor graso”, comenta Paula Bucci.

Pero eso no es todo, ya que el desarrollo también apunta a solucionar un problema del medio ambiente. El bagazo se genera en volúmenes enormes: a razón de 2 kilos cada 10 litros de cerveza, y es muy contaminante si se lo tira como basura común, con lo cual también existe un trastorno a nivel del transporte para su disposición final, que debe ser prácticamente inmediato.

“Este proyecto reúne todas las características de un producto innovador que es amigable con el medio ambiente y además contribuye a la mejora nutricional de la sociedad”. Noemí Zaritzky, Directora del Proyecto.

El objetivo de fondo del proyecto –explican las responsables– es que el bagazo de cebada sea contemplado por el Código Alimentario Argentino, lo cual lo habilitaría para ser utilizado no sólo como un cereal sino también en forma de harina, por ejemplo, que sirva de ingrediente para otras comidas o golosinas. El equipo ganador está liderado por Noemí Zaritzky, investigadora del CONICET y directora del proyecto y se completa con Juliana Palacio Orjuela, becaria posdoctoral del CONICET en el CIDCA, y María Victoria Santos, investigadora del CONICET en el Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (IPATEC, CONICET-UNCOMA).

MENCIÓN ESPECIAL: PANIFICADO DE PERFIL SOCIAL Y SALUDABLE 


María Celina Malvazo, de la Asociación Civil De la Nada, Buenos Aires. 
“Desarrollo de un producto panificado de perfil social y saludable”.

El proyecto ganador de la Mención Especial Fundación Arcor, es una iniciativa de la Asociación Civil de la Nada de Luján, Buenos Aires, que trabaja para que personas sin recursos económicos logren desarrollar su potencial, poniendo en práctica sus ideas a través del trabajo y la educación.

“Para mí innovar significa encontrar alternativas posibles para resolver los problemas de la comunidad”, Celina Malvazo, De La Nada, Asociación Civil.

En articulación con la Universidad Nacional de Luján y su Centro de Investigación, Docencia, y Extensión en Tecnología de Alimentos (CIDETA) desarrollaron un producto panificado, tipo muffin, que tiene en cuenta la incorporación de proteínas de alto valor biológico, fibra soluble, vitaminas y minerales, especialmente calcio y/o hierro, y vegetales enmascarados para lograr la aceptación de parte de los niños. El panificado será elaborado en la escuela de gastronomía de la Asociación Civil en donde trabajan y se capacitan jóvenes y mujeres de Luján que necesitan reinsertarse en el mercado laboral, y además será destinado para niños de sectores vulnerables. El jurado lo seleccionó por tener un marcado perfil social y presentar un aporte explícito al mejoramiento de las condiciones de vida de la infancia.

PROYECTOS FINALISTAS

 

Ana María Pilosof ,  CONICET, Instituto de Tecnología de Alimentos y Procesos Químicos (ITAPROQ), Buenos Aires. “Jugos de frutas funcionales con aceite de chía nanoemulsionado como fuente de ácidos grasos ω-3: una alternativa a suplementos dietarios convencionales”

A nivel mundial, en el 70% de los países, la ingesta de Omega 3 es insuficiente. Por eso, la propuesta de este equipo consiste en el desarrollo de una bebida funcional con Omega 3, que se encuentra en las semillas de chía, para llevarla a la mesa de todos los consumidores y tener un producto saludable y fácil para el consumo diario.

¿Pero cómo se mezcla el agua de una bebida con un aceite? La incorporación de lípidos bioactivos en alimentos representa un desafío tecnológico que incluye la manera de vehiculizarlos en la fase acuosa, la protección de éstos a la oxidación, su protección durante el tránsito gastrointestinal y el aseguramiento de su liberación en el intestino. Entre las alternativas que permiten su inclusión se encuentran el diseño de sistemas coloidales de liberación, como son las emulsiones. Sin embargo, la mayoría de estos sistemas conducen a productos opacos y poco estables limitando su incorporación a una amplia gama de productos alimenticios. Para tal fin, las nanoemulsiones (debido al pequeño tamaño de las gotas de aceite) son el sistema de excelencia. De esta manera, la incorporación de aceite de chía nanoemulsionado a jugos de fruta permite aumentar el perfil nutricional de los jugos de fruta adicionados (de consumo masivo), y responde a la demanda creciente de alimentos funcionales por parte de los consumidores.

El equipo de la Doctora Pilosof está formado por  María Julia Martínez, Víctor Pizones, Carolina Arzeni, Fernando Bellesi y Mariana Von Staszewski del ITAPROQ.

 

Francisco Canteros,  INTA, Tucumán. Aumento de la productividad del cultivo de maíz en el Chaco Seco.

En el Chaco seco, el cultivo de maíz ocupa un área de alrededor de 500.000 hectáreas y es muy importante en la sustentabilidad de los sistemas agrícolas - ganaderos de la región. Los rendimientos dentro de estos agro-ecosistemas, es de 5 a 6 tn/ha, pero tienen la posibilidad de incrementarse a 13 y 15 tn/ha. En este sentido, en la mayoría de las regiones maiceras del mundo, el aumento de los rendimientos fue acompañado por un aumento de la densidad de siembra, debido al desarrollo de materiales tolerantes a altas densidades acompañado por cambios fenotípicos (estructura de planta, altura de planta, entre otros).

Es así como, desde el Programa de mejoramiento de maíces subtropicales que lleva adelante el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Tucumán se están desarrollando maíces QPM (Quality Protein Maize), que, en relación con el maíz tradicional, poseen duplicado el contenido de dos aminoácidos esenciales (lisina y triptófano).

Además, estos híbridos subtropicales de maíz están adaptados al ambiente del Chaco Seco y son tolerantes a densidades de siembra superiores a las que se utilizan actualmente que es de 50 a 55.000 plantas /ha. De esta manera, este proyecto promueve la transformación de granos a nivel local, y achica la brecha entre los rendimientos actuales y los potenciales de la región.

Sebastian D'Indio, emprendedor, Entre Ríos.“Lisina, un aminoácido más que esencial” 

La L-Lisina es un aminoácido indispensable para la nutrición humana y animal debido a sus propiedades y a las funciones que cumple en el organismo. Algunos de estos beneficios son: influir en el desarrollo y crecimiento, colaborar con el sistema inmune, estimular la capacidad cognitiva y favorecer la absorción de minerales e intervención en la producción de hormonas, enzimas y anticuerpos.

Como la L-Lisina no es sintetizada por el organismo, se incorpora a través de fuentes externas, específicamente a través de la alimentación. De hecho, su utilización como aditivo alimentario se encuentra ampliamente extendido, así como su empleo como insumo para la industria farmacéutica, alimentaria, cosmética y como precursor de productos químicos de alto valor agregado. Por eso, Sebastián D'Indio, estudiante de la Universidad Nacional del Litoral, desarrolló en su tesis de Ingeniería Química un modelo de start-up para producir L-Lisina a escala industrial a partir de la melaza de la caña de azúcar.

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