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De pequeñas historias, hicimos una gran empresa

Hoy, Grupo Arcor cuenta con más de 20.000 colaboradores en todo el mundo. Pero esta historia, comenzó con un pequeño grupo de jóvenes emprendedores, en una pequeña ciudad en 1951 del interior de Córdoba. En este aniversario, nos fuimos a Arroyito y entrevistamos a Don Adelvin Schott, quien tiene orgullosamente el legajo N° 1 de Grupo Arcor.

Don Adelvin Schott vive en Arroyito y tiene 82 años. Trabajó durante muchos años en Arcor y luego de jubilarse, se dedicó a una de sus pasiones: las plantas y la jardinería.

En su casa Adelvin creó una quinta en la que cultiva tomates, melones, cebollas; además hace injertos en platas, para favorecer su propagación. Ese amor por las plantas lo legó de su abuelo, que vino de Alemania y supo tener alrededor 70 plantas frutales. Adelvin tiene una memoria prodigiosa, y así como recuerda a su abuelo, vuelve a su infancia, a los recuerdos de su adolescencia y a ese Arroyito campestre de la década del 40.

Su historia personal se cruza directamente con el nacimiento de Grupo Arcor, ambos arroyitenses de pura cepa.

“Nací en el campo en 1936, y ya en 1941 nos mudamos con mi familia a Arroyito, que en ese entonces era un pueblito con muy poca gente. El barrio de Arcor era todo campo: se sembraba y se araba”, recuerda. 

El pueblo se estaba construyendo de a poco. En ese entonces, los hombres empezaban en el mundo del trabajo desde muy jovencitos. Y fue así como Adelvin dio sus primeros pasos en el mundo laboral como peón de albañil junto a su tío, colaborando con el armado de los cordones de las veredas de las callecitas de Arroyito. Grupo Arcor también estaba naciendo: todo empezó con un galpón techado. Y allí fue él junto a su tío. 

“Nos habíamos hecho amigos de los dueños de la fábrica. Yo tenía 15 años y le dije al Señor Alonso Roteda que ya formaba parte del equipo: YO QUIERO TRABAJAR EN LA PLANTA DE ARCOR.” 

Y así fue. Empezó como maquinista en la máquina de hacer caramelos, un 15 de agosto de 1951. Roteda, el mismo Seveso y Fulvio Pagani le decían “Pichón”, porque era el más chico de la planta. Por supuesto todo era a mano. Y, sobre todo, ¡había que hacer de todo! porque en Arcor al principio sólo contaba con 10 empleados: “uno recibía la leche, otro hacía el dulce de leche, otro cocinaba. Los dueños trabajaban y hacían de todo”, cuenta.

Poco a poco, Adelvin empezó a tomar más funciones en la planta y llegó a ser cadete de Fulvio Pagani. “Yo tenía bicicleta, así que Fulvio me mandaba a llamar para hacer trámites: ir al banco, al correo. Todo era como una GRAN FAMILIA”.  

“El Pichón” recuerda cada uno de los pasos de este incipiente crecimiento: los nuevos maestros carameleros que iban llegando desde Santa Fe, la confección de los productos y sus fórmulas. “Las fórmulas las teníamos en la cabeza” dice.

Finalmente, Don Adelvin Schott se convirtió en el primer encargado de la planta. Luego a los 25 años fue sub-jefe y a los 30, Jefe de planta. 

“El saber no ocupa lugar, dicen, así que aunque yo en ese entonces era encargado quería aprender de todo.  Me iba los domingos a la tarde con el maestro caramelero Vaira, que prendía las calderas para que la masa del caramelo estuviera blanda el lunes para  empezar a trabajar. Yo lo miraba de cerca”, recuerda. 

Junto con Adelvin, Arcor seguía creciendo: llegó la máquina envolvedora, se empezó a producir turrón y alfajor, se instaló la línea de masticables, llegó el chupetín arquito. Lo que empezó con 1 máquina, pronto se convirtió en 17 envolvedoras, 12 líneas de masticables y ¡nuevas plantas! 

68 años después, eso que empezó en Arroyito con una máquina que producía 45 caramelos por minuto, se convirtió en un grupo multinacional líder mundial en producción de caramelos, con presencia en más de 120 países y 40 plantas en todo el mundo. Durante el recorrido por el Complejo Arroyito, Adelvin se acercó al Museo Arcor para volver a ver esas primeras máquinas con las que trabajó en los inicios de la compañía.

Al principio no se sabía. Uno se pone a pensar en lo que era y lo que es hoy. Éramos una pyme, una familia. Cómo imaginar que Arcor iba a ser mundial”, reflexiona el hombre N° 1, el del primer legajo de ese sueño, allá hace 68 años. 

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